Empieza la temporada de fiestas y eso significa algo de gran importancia sentimental: el regreso de los peeps. Su popularidad los hace sujetos de crueles experimentos e inquietante devoción, sin embargo para mi solo son recordatorios de los horribles dulces que nos regalaban las monjas de Paula Montal.
Horrible sabor y todo, es imposible ver un peep frente a mi sin morderlo. Por lo menos la cabecita.
Y en otras noticias, este no es un blog literario.
Horrible sabor y todo, es imposible ver un peep frente a mi sin morderlo. Por lo menos la cabecita.
Y en otras noticias, este no es un blog literario.